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Pepa Blanes: “Tuve anorexia y me obsesiona ese tema. Hay pocas películas sobre ello”
Resumen editorial de DCM:Esta historia ha sido reescrita y resumida de forma independiente para los lectores de DCM, con el fin de resaltar los principales acontecimientos relevantes para la región. Información original de El Pais, haz clic en este post para leer el artículo completo original.
Pepa Blanes (Elda, 1985), jefa de Cultura de la Cadena SER y una de las voces más reconocibles del periodismo cinematográfico, lanza con Cuando ellas brillan (Lunwerg Editores) un ensayo nacido casi por combustión espontánea. La irrupción de nuevas directoras, su peso creciente en festivales y taquilla, el viraje de las historias o la sacudida del MeToo dieron pie a una pregunta: “¿Qué ha cambiado y por qué?”. El libro dialoga con el pasado y el presente para recomponer cómo la ficción ha contado a las mujeres y cómo ellas han empezado, por fin, a contarse a sí mismas: su amistad, su deseo o su salud mental. De Las chicas de oro a Fleabag, Blanes traza un recorrido que mezcla memoria emocional, mirada crítica y devoción cinéfila.
Lunwerg ha publicado ‘Cuando ellas brillan’, de Pepa Blanes.CORTESÍA DE LA EDITORIALPregunta. Invita a mirar de nuevo lo que creíamos conocer. ¿Alguna idea le sorprendió al releerla con los ojos de hoy?
Respuesta. Volver a ver Las horas me emocionó: la conexión entre mujeres de distintas épocas, cómo se repiten patrones en cuanto a salud mental… Me gustó descubrir cómo la salud mental está ligada al origen, al género, al momento en que naces y al sistema. Hay mucho por debatir todavía ahí.
P. ¿Qué tiene que pasar para que las mujeres brillen siempre y podamos dejar caer el “cuándo” del título?
R. Falta consolidarlo. En España todo es muy frágil: puede cambiar el Gobierno, el relato dominante… Y que se vuelva a hablar de “cine de mujeres”. Que haya más directoras no es solo bueno para ellas, también lo es para la sociedad. En el cine faltan más relatos, cuerpos no normativos, mujeres racializadas y colectivos contándose a sí mismos. Y falta que una directora pueda hacer género con un gran presupuesto, una película como las de Bayona.
P. ¿Sigue existiendo la etiqueta “cine de mujeres” y la condescendencia hacia las obras hechas por ellas?
R. Está cambiando, pero hay reticencias. Con Querer, de Alauda Ruiz de Azúa, muchos comentarios eran del tipo: “Creía que no era para mí, pero me ha sorprendido porque está bien hecha”. Esa condescendencia está ahí. La etiqueta también tiene que ver con el presupuesto: si te dan menos dinero tienes que hacer un cine más intimista, no es siempre por decisión creativa. Y todavía persiste esa idea de que las mujeres hacen “sus cositas”, “su literatura”.
P. Señala tres luchas clave sobre la igualdad en el cine: la cuestión de género, la identitaria y la de clase. ¿Es la de clase la más frágil ahora mismo?
R. Me preocupa mucho porque pasa como con el género: solo se va a contar un tipo de relato y casi ninguno procedemos de la clase alta. Estudiar cine es difícil y hacer una película aún más: es un proceso caro y complejo. Hay también ejemplos de cambio: Carla Simón consiguió una beca y procede de una familia humilde. El cine se ha profesionalizado y eso permite que gente obrera pueda hacer películas, pero aun así es