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Llantas, velocidad y ‘rock and roll’: el universo de los festivales musicales más salvajes
Resumen editorial de DCM:Esta historia ha sido reescrita y resumida de forma independiente para los lectores de DCM, con el fin de resaltar los principales acontecimientos relevantes para la región. Información original de El Pais, haz clic en este post para leer el artículo completo original.
Por habitar el universo y que nuestro corazón palpite! Este es el brindis de dos aventureros del arte, de la fotografía, del cine y de la escritura unidos por una filosofía de vida basada en la libertad y la fraternidad que es el origen del libro Quimera: Antología de una vida salvaje.
En 2016, Diego Sánchez (Asturias, 36 años) recorrería parte de EE UU a dedo mientras Borja Larrondo (Madrid, 38 años) hacía una ruta en moto por Bélgica y Normandía durmiendo bajo las estrellas. Ambas experiencias confluyeron en un único destino creativo: documentar el espíritu indomable de ese tipo de vida nómada. Así, los universos efímeros generados en torno a dos festivales de música, el Motorbeach en Asturias y el Wheel and Waves en Biarritz, se convirtieron en su máxima durante cinco años. Tiempo en el que vivieron mimetizados en ese ambiente de libertad casi utópico para contar su propia experiencia.
En esas ciudades construidas para ser vividas durante los días de festival, Sánchez y Larrondo, junto con sus colaboradores, fotografiaron, editaron el material y escribieron los textos en vivo y en directo como si estuviesen en un concierto ante su público. Los Ángeles del Infierno, los niños, los surferos, los perros, las estrellas del rock, los amigos… Todos vibran seducidos por la intensidad de un momento único. Un escenario fugaz de prados sin barreras, de carreteras, motos e ideales donde la resaca, el clímax de las noches, la música y las relaciones personales fluyen durante unos días para desaparecer al ritmo de los motores y volver a empezar en otro lugar.
Quimera, sin embargo, está pensado para que la experiencia perdure en el tiempo. Según los autores, cada uno de sus 12 capítulos es como la pista de un vinilo que se escucha al compás de las emociones. Para llegar al corazón del proyecto hay que deconstruirlo y descubrir los referentes con los que se sienten identificados. Los ideales de la generación beat, la mirada de Danny Lyon, el cine de Robert Frank y William Klein, la estética de los fanzines, la iconografía motera, la música rock y punk y el estilo narrativo del periodismo gonzo, donde el periodista se convierte en protagonista de la historia.
Para los textos, escritos en primera persona, pidieron colaboración externa a través de un anuncio que a grandes rasgos decía: “Se busca escritor con capacidad de adaptación para dormir en furgoneta y comer de zafarrancho. Tolerancia a la bebida. Remunerado”. Un homenaje